sábado, 29 de diciembre de 2018

Queridos Reyes Magos:

Queridos Reyes Magos:
Este año quiero TIEMPO.

Libre.

Con los míos.
En silencio.
Para amar.
Para aburrirme.
Para leer.
Para perderlo.
Para perderme.

De descanso.
Para trabajar.
Estudiar.
Diagnosticar.
Curar.
Para llorar.
Para sanarme.


En el mar.
Bajo el sol.
Entrañable.
De recuerdos.
De brindis.
De miradas.
Y sonrisas.

De CrossFit.
De barras.
De remos y cintas.
De entrenos.
Sudor.
Esfuerzo.
Y recompensa.


Invertido.
Recuperado.
Sin prisas.
Juntos.
De retiro.
De vida.
Para siempre.

viernes, 12 de octubre de 2018

Coles de Bruselas

Corría 1995, cursaba segundo curso de carrera, en la Facultat de Veterinària de la Universitat Autònoma de Barcelona. Tuve una asignatura que se llamaba Economia Agraria, pretendían explicarme la ley de la oferta y la demanda y acercarme al mundo económico y empresarial, recuerdo que en vez de bitcoins me hablaban en términos de coles de Bruselas. Me costó 4 convocatorias aprobarla. Llegué a odiar esa asignatura.


Supongo que ese mal conocimiento me llevó a tener que cerrar mi propia empresa con pérdidas importantes en 2010 tras haberla abierto en 2003 y haberme mudado a un local mayor y mejor equipado en 2007.
Ese supuesto "fracaso" (lo escribo entre comillas y con un supuesto delante porque jamás he pensado que una experiencia mala o equivocada signifique un fracaso, a pesar de que muchas opiniones sean contrarias, ya que bien gestionado se convierte en una experiencia y un aprendizaje. Ya lo decía Thomas A. Edison en su cita: "No he fracasado. He encontrado 10000 formas que no funcionan") me llevó a evitar plantearme volver a ser mi propia jefa y me condujo a un periplo personal y profesional, que la mayoría ya conocéis:
- seleccionar mis cosas y recuerdos de 35 años y meterlas en dos grandes bolsas de viaje
- dejar atrás la casa de mis sueños, de color y olor madera, para dirigirme a un destino incierto pero emocionante
- trasladarme con un Nissan Almera blanco sin embrague a Madrid, donde me esperaba el hombre más maravilloso que he conocido y que me ha brindado la oportunidad de crear una familia
- conocer una variedad de personas, compañeros, mala gente y aprender a seleccionarlos (una vez más)
- adaptarme a trabajar a las órdenes de una persona tirana, otra mediocre, otra bipolar, otra insegura y soportar el acoso sexual de alguien que consiguió mermar mi autoestima y mi felicidad de forma transitoria y reversible
Y seguir andando, porque uno no consigue nada soñando sino haciendo.

















Cada vez que he cambiado de trabajo he entrado en una espiral de sentimientos entre los que se mezclan el miedo, la ilusión, la incertidumbre, la duda, las ganas de agradar y la competencia.
En 2015 entré a formar parte de algo grande, compacto, firme y con un liderazgo claro. Vi clara la diferencia entre un jefe y un líder en esa empresa, ya que, como dice Sam Walton, "Los líderes destacados van por el camino subiendo la autoestima de sus empleados. Cuando las personas creen en sí mismas, es increíble lo que son capaces de lograr". Era mi sitio. Era el sitio.



Llevo en esa misma clínica desde entonces y me siento integrada, agradecida y valorada. Pero desde hace unos días he vuelto a recordar esas clases que tan poco me agradaban donde me hablaban de coles de Bruselas para intentar hacerme entender los activos, los valores muebles e inmuebles y las amortizaciones.




Para mi (y para Seth Godin), tal vez equivocadamente, "Las personas no son su currículum, sino su trabajo" y ese trabajo es el que te abre puertas, te hace feliz y te permite amanecer con ganas de seguir esforzándote. Pero creo que debí saltarme alguna de esas clases, porque en esta empresa donde paso la mayor parte de mi día, donde he seguido formándome y donde recibo una recompensa económica a mi vocación, se ha cerrado una puerta. De golpe. Dando un portazo. Y se ha disfrazado de oportunidad con un traje que no es de su medida. Una buena compañera, ambiciosa, empática, colaboradora, honesta y con un futuro profesional muy prometedor se ha tenido que ir porque no hay coles para todos.
Y, siguiendo el ejemplo de mi profesor de Economía Agraria, se han quedado las acelgas.

"Solo hay algo peor que formar a tus empleados y que se vayan... no formarlos y que se queden"
Henry Ford



martes, 27 de febrero de 2018

      
CASO CLÍNICO: Gingivoestomatitis Felina
Marta Baldé Ibáñez


Miembro del equipo veterinario del CV Coimbra
Calle del Tamarindo 15, Parque Coimbra, Madrid


Anamnesis
A principios de febrero de 2018 se atiende en la clínica a un gato macho de raza común europea, encontrado en la calle junto a su (supuesta) madre, para su evaluación clínica prequirúrgica para una orquiectomía programada. El paciente ha sido examinado con anterioridad por una acariasis ótica bilateral, tratada con ivermectina intraauricular y selamectina percutánea.
La (supuesta) madre ha sido tratada con amoxicilina-clavulánico enteral en otro centro veterinario, por enfermedad periodontal severa, sin resultados satisfactorios, por lo que se ha practicado una ovariohisterectomía profiláctica y una limpieza bucal para tartrectomía y exodoncia de piezas afectadas por lesión resortiva en nuestro centro.
Examen clínico
En el examen clínico, el gato se mantiene normotérmico, tiene una condición corporal 4/5, está normohidratado y en la auscultación cardiopulmonar se observan roces pleurales en ambos hemitórax. Por el tiempo que lleva en su casa de acogida y el hecho de que ha cambiado los dientes hace 1,5 meses estimamos que su edad aproximada es de 4 meses.

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En la exploración de la cavidad oral se observa una faucitis generalizada, con sensibilidad térmica gingival aumentada, congestión de mucosa oral e inflamación gingival, aunque sin sangrado ni aparente dolor.




El paciente también presenta fotofobia y queratoconjuntivitis unilateral derecha, con epífora seromucosa y miosis marcada bilateral.
Dados los signos clínicos actuales y sus antecedentes familiares, recomendamos aplazar la cirugía y cursar PCR de Calicivirus mediante hisopado bucal aprovechando la anestesia cuando se pueda operar.
Tratamiento
Iniciamos tratamiento con Doxiciclina a 10 mg/kg/24h y terapia tópica ocular con colirio triple antibiótico bilateral cada 8h.
Concomitantemente al tratamiento sintomático, aplicamos la propuesta terapéutica recomendada por Heel* para la gingivoestomatitis felina:


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1a SEMANA
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Engystol + Traumeel 1 dosis x 5 días (SC)
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2a y 3a SEMANAS
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Engystol + Traumeel + Mucosa Compositum 3 dosis / semana x 2 semanas (SC u oral)
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HASTA REMISION
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Engystol + Traumeel + Mucosa Compositum 2 dosis / semana x 2 semanas (SC u oral)
Engystol
2 dosis / semana x 2 semanas (SC u oral)
4 semanas de descanso Engystol
2 dosis / semana x 2 semanas (SC u oral)
4 semanas de descanso (y así sucesivamente)
Según necesidad puede añadirse Traumeel y/o Mucosa Compositum *En monoterapia o junto a Traumeel al mínimo dolor
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Mantenimiento
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Una vez retirado el tratamiento antibiótico, y manteniendo solo la pauta propuesta por laboratorios Heel*, la mejoría clínica en el paciente es espectacular, por lo que optamos por continuar el protocolo hasta completar la remisión sintomática, sin esperar, a priori, recaídas, dada la excelente respuesta observada hasta el momento.




*Pautas recomendadas por un comité de veterinarios expertos en la MBR

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viernes, 15 de diciembre de 2017

Y tú ¿De qué estás hecho?

Estamos hechos de silencio. De miradas, cómplices y risueñas. De raíces profundas, de tierra, pero sobretodo de mar.
De recuerdos. De pedazos. De fotos rasgadas y corazones partidos. De lo que fuimos.
Juntos estamos hechos de esencia, de pasión y de Martina.


Yo también estoy hecha de música. De sueños y de estrellas. De miedo a la oscuridad y al vacío. De besos. De abrazos ¡De baile! De flores, de nieve, de rojo otoñal y cálidos amaneceres.
Tú, además, estás hecho de letras, de justicia y lealtad, de compromiso y entrega. De patria. De color azul y rosas rojas. De sangre joaseantoniana y olor a jazmines. De viento, de isla, de tu terreta alicantina. De crossfit y windsurf, de fuerza y resistencia. De luz, como el faro que guía a las olas.
Martina está hecha de amor, de amor sin medida ni límite, de océanos de tiempo, de historias increíbles, y de sonrisas, sobretodo sonrisas.
Estamos hechos de musgo, de témpano y de villancico, de lumbre y muérdago. De hogar. De solsticio y de tradiciones.

Estamos hechos de Navidad.

Feliz Navidad a todos.
Marta, Carlos y Martina
Invierno 2018

jueves, 16 de noviembre de 2017

¿Adoptar? NO, gracias. En el mejor de los casos... depende

Tengo una compañera de trabajo prepotente, bastante chillona y poco empática, una estúpida, vamos. Pero hay algo que admiro en ella: su sentido práctico. Desde que la conozco dice que aquél que tiene más de 3 animales es un enfermo mental. Al principio pensé que era una exagerada. Ahora creo que va teniendo razón. Tal vez no en la forma, pero desde luego, sí en el fondo.



Si yo quisiera adoptar un animal y tuviera que someterme a un interrogatorio de tercer grado, un pre-seguimiento, una selección digna de un puesto de directivo de multinacional, y un post-seguimiento que implicara la visita de uno o varios desconocidos a mi casa, y no una, sino múltiples veces, teniendo que aguantar sus sugerencias sobre las instalaciones, la seguridad, la presencia o no de mosquiteras, el espacio y mis hábitos de vida... se me quitaban las ganas.


































Nadie me hizo tal espionaje cuando decidí ser madre.

¿Por qué debo soportar que alguien que no me conoce ni sabe nada de mi (y ni sabrá jamás porque no es amigo, ni conocido, ni posiblemente saludado) decida si soy apta para hacerme cargo de un animal? ¿De verdad no tiene más trabajo que juzgar el tiempo que yo puedo dedicar a atender a mi animal de compañía? ¿Como, y en función de qué se supone que se me cualifica? ¿Qué formación tiene para decidir mi aptitud? ¿Cobra por ello?



He tenido 8 perros en casa, en una parcela de más de 3000 metros, con instalaciones para mantenerlos contenidos y controlados, durmiendo bajo techo, cada uno en su transportan dentro del garaje, convertido en habitación solo para ellos. Algunos de compañía y otros de utilidad, entrenando para búsqueda y rescate. He tenido que aguantar que me digan que mis perros eran maltratados por vivir en el exterior durante el día, que estaban sufriendo por recibir una educación cívica básica y un adiestramiento especializado para convertirse en perros de trabajo, que me aprovechaba de ellos, que los utilizaba para mi beneficio personal, y un montón de gilipolleces más, que me llevaron a dejar un mundo apasionante en el que conocí personas, y perros, maravillosos.


Soy veterinaria, me encanta mi trabajo y vivo de él. Cobro de él. Y pienso seguir haciéndolo. Ayudo en todo lo que quiero, que no es lo mismo que todo lo que puedo, porque eso implica una obligación que no deseo tener. Y sobretodo que no deseo tener con cualquiera, con aquél que se cree con derecho a algo por pensarse mejor que los que no hacen lo mismo que él. Porque salvar a un animal no es recogerle de la calle y encomendárselo a otro, porque tú ya has hecho tu parte. No majo, tu parte es toda, no el trozo fácil. Y desde luego, tu parte es hacer lo que quieras y asumir las consecuencias de esa decisión, sin juzgar ni culpabilizar a los que no la comparten.







martes, 12 de abril de 2016

Hay quién no se merece lo que tiene. O si...

Estoy enfadada. Mucho. Y decepcionada, hastiada, triste y muy cabreada. Y perdón por la expresión pero hoy si que pido a Dios que me de paciencia porque como me de fuerza voy a su casa y la ostio.
Porque mi educación me permite canalizar esta mala leche mordiéndome la lengua y cambiando adrenalina por endorfinas en el entrenamiento de Crossfit. O para expresarlo escribiendo, que nada debe guardarse dentro si no queremos una úlcera.
Porque estoy harta de aguantar juicios de valor sobre la dudosa profesionalidad y la falta de caridad y empatía de los veterinarios, que parece que hayamos nacido y estudiado para ir poniendo mejillas y que se despachen a gusto.


Quién siga mi facebook habrá visto una noticia que escribí hace pocos días sobre Toby, un cachorro de un mes de edad, con una hernia escrotal que requería una cirugía correctiva, cuya propietaria no podía (prefiero usar ese verbo a "querer") costear y me planteó directamente la eutanasia entre lágrimas (de cocodrilo, veo ahora)
Tras todo el fin de semana buscando opciones para ayudar a esa persona, y conseguir programar la cirugía sin coste (que para el que no entienda, no significa que no cuesta, sino que no se repercute el coste al propietario, asumiéndolo otra persona) junto con una excelente compañera, y que una asociación sin ánimo de lucro (creo que no hace falta escribir el significado de no lucrarse, o si?) se hiciera cargo de todos los cachorros y los gastos vinculados a ellos, hoy me he llevado un gran disgusto. Y un enorme cabreo.


Porque he llamado a la propietaria de Toby para darle la noticia de que podíamos operar al cachorro, que una asociación costearía los gastos y se ocuparía de encontrar familias adecuadas para todos, proporcionándoles la alimentación, necesidades sanitarias y alojamiento hasta su adopción definitiva. A cambio solo se le pedía un compromiso de esterilización de la hembra, para evitar que hubiera otra camada más a la que buscar cubrir sus necesidades, que bastantes abandonos hay ya.
Su respuesta ha sido un no rotundo. Un no seguido de "esto es un chantaje", "no toleraré que nadie decida por mi", "si yo quiero volver a criar con mi perra nadie me lo va a prohibir" y perlitas por el estilo.
Pues nada, chica.
No esperaba mucho, al menos un gracias. Pero desde luego no un: "con todo el dolor de mi corazón le voy a sacrificar".
No voy a cargarme con tu culpa ni con tu irresponsabilidad, aunque ahora mismo tenga ganas de ir a buscarte a Toby y arrebatártelo de los brazos.
Es tu decisión, vive con ella, si puedes.
Por cierto, búscate otro veterinario, que no voy a ser yo quién va a eutanasiar a tu cachorro.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Una madre jamás se rinde


Ser madre es duro. Eso dicen. Yo creo que no. Ser madre es lo mejor que me ha pasado en la vida, junto a Carlos. Me sería muy difícil escoger entre ambos, no concibo la vida sin uno de ellos. Somos uno en todo. No soy sin ellos.

No puedo dejar de ser madre. Ni quiero. Ni pienso hacerlo jamás. Pero parece que si que puedo dejar de ser veterinaria. La elección es muy fácil, si me obligan. Escoger no significa renunciar. Carlos ya no era negociable. Martina tampoco lo es.


Hoy he recibido la negativa a la incorporación en un hospital veterinario de referencia de Madrid, tras una entrevista distendida y prometedora, realizada la semana pasada. Mi currículum les impresionó. Mi trayectoria profesional les gustó. Mi formación académica cuajaba con sus necesidades. Mi presencia les agradó. Mi carácter extrovertido y conciliador les cautivó. Hasta que preguntaron si tenía familia, si era madre y qué edad tenía mi bebé. Las sonrisas y los gestos de aprobación se convirtieron en una mueca que me costaría describir porque no transmitían nada. Silencio, tal vez.

Somos mujeres. Somos madres. Y reclamamos nuestro derecho a un trabajo digno que nos permita cuidar de nuestra familia como deseamos y nos merecemos. Pero estamos muy lejos de una conciliación laboral real. Nuestras bajas maternales nos obligan a dejar a nuestros hijos al cargo de una persona cercana (en el mejor de los casos) o de un completo desconocido al que pagamos para que viva al lado de nuestro bebé su primera sonrisa, paso o palabra. O nos obliga a renunciar a una profesión que suele gustarnos, por la que hemos luchado y que no nos cuesta dejar a un lado, porque ser madre es eso y mucho más.


Soy veterinaria. He sido mi propia jefa, levantando una clínica desde el comienzo, estudiando casos, atendiendo urgencias, fidelizando clientes, sonriendo cuando no tenía ganas, invirtiendo mucho tiempo sin sueldo, implicando a mi familia en un remolino de proveedores, comerciales, gestores, facturas, nóminas, personal a cargo y gastos sin fin. He soportado en mis espadas créditos personales de tedioso pago mensual, aún cuando ya no tenía mi empresa, porque soy responsable y cumplo con mis obligaciones. Pero ahora soy madre. Y todo ese esfuerzo, que ha valido la pena, te duele cuando te recuerdan que debes elegir. No debo. No quiero. Y no lo haré.

Supongo que en algún lugar habrá un trabajo para mi. Para mi ahora, quiero decir. Para mi, que soy madre ante todo y ante todos. Para mi, que no quiero renunciar a vivir las mañanas con Carlos y Martina, a llevarla a la guardería, y sobretodo a recogerla, a sus meriendas donde los tres compartimos risas y manchas, a nuestros paseos, a la hora del baño, a sus juegos y descubrimientos, a hacer la cena en familia en el calor de la cocina. Todo eso no da de comer ni paga el alquiler, es cierto. Pero todo eso da felicidad. Y al fin y al cabo, se trata de ser feliz.